Disputatio 4

Lo que no se hereda

Marina Severini

Cuando se viene al mundo el Otro está ya ahí y se lo encuentra, en uno u otro modo, encarnado in primispor las figuras parentales. Los primeros lazos tienen consecuencias, algo pasa. Sin embargo, nadie es determinado por su Otro familiar y es el motivo por el cual, por fortuna, no se pueden hacer previsiones fiables sobre cómo será el recién nacido. Cada vez hayde lo impredecible, el inconsciente hace de cada quien uno diverso de todos.
Las mentiras de dos niñas (1913) interesan a Freud porque vienen de niñas bien educadas y su rasgo sintomático no está tomado del Otro familiar, es una producción propia, o mejor de aquel extraño íntimo que está siempre al trabajo.                                                                                                                                         
En el trabajo analítico los sujetos parecen no poder prescindir del llamar en causa las figuras parentales, en general para acusarles de aquello que “pasó mal”¹; la ética del psicoanálisis reconduce cada uno a su responsabilidad por la posición que toma sea con respecto al Otro que en lo que lo separa del Otro, ese goce fijado por un evento de cuerpo fuera de programa. Aquí, ninguna herencia.                                                                                                                                   


1 Colette Soler, «Lo que pasa entre las generaciones», Presentación del tema de la 2da Convención europea, Jornadas de la IF, Roma 10, 11 julio 2021.


Isabella Grande

Lo que no pasa pero es lo propio, lo inédito de cada uno

Cuando se encuentra lo que hace obstáculo, lo que no pasa de este legado del Otro, precisamente ahí donde se trata de algo que se sustrae, que rechaza realizar el goce del Otro1, es precisamente ahí que aparece la singularidad, lo inédito, disidente respecto a la mera adhesión a servir de apoyo a lo que está ya, impuesto.
¿Se podría quizás decir que es precisamente lo inédito que hace objeción, la equivocación en un acto de obediencia a revelar la singularidad del inconsciente? Quizás sí y esto no se hereda!
Lo que no se hereda, tal vez, es la chance de ser, aprendiendo la confianza en lo que balbucea del nuevo, en lo que toma fuerza del deseo intransmisible que puede aflorar de aquello que del Uno-soloes más allá del apelo al Otro.


1Cf. Soler, C., «La relación sexual entre las generaciones», en La querella de los diagnósticos, Formaciones clínicas del Campo lacaniano, Colegio de clínica psicoanalítica de Paris, Curso 2003-2004, Letra Viva, Buenos Aires 2009, pág. 170.


Paola Malquori

Lo que no pasa del luto

En la carta a Binswager del 12 de abril de 1929 a propósito de la muerte de su hija Sophie, Freud dice que en el luto queda algo de inconsolable, un resto de líbido que no podrá invertirse en otro lugar, algo queda invertido en el objeto perdido y no logra pasar a nuevas inversiones furturas, añadiendo que es el único modo de continuar el amor. Siendo la identificación la primera forma de lazo hacia el otro, nos interrogamos, en los distintos momentos del análisis, momentos de fin y de pasaje ¿qué es lo que queda de las antiguas identificaciones que se deshacen en el curso de la cura, dejando el puesto al final del análisis a la identificación al síntoma? ¿Son las identificaciones que no se deshacen del todo, algunos restos que no pasan, aquellos que dan cuenta de la oscilación entre luto y entusiasmo al final del análisis?


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